Mostrando entradas con la etiqueta retrorelatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta retrorelatos. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de enero de 2015

¡Regalito de Reyes! Un pedazo de joystick QuickShot Python 1 puede ser tuyo junto a más sorpresas...

30
18:24 | 06-01-2015 - ¡YA TENEMOS GANADOR! Se trata de Nuño Orgaz, ¡enhorabuena! Envíanos un correo con tus datos para que podamos mandarte los regalos lo más pronto posible. Gracias a todos por vuestra participación :)

R. Castillo, escríbenos también por favor, que estamos preparando algo también para ti.

¡PERDONAD LAS MOLESTIAS!  

 

06-01-2015 - Parece que hemos cometido un error al usar la herramienta online para eligir ganador. Sentimos las molestias pero tenemos que sopesar como 'arreglar' este pequeño desaguisado :(

06-01-2015 ¡YA TENEMOS GANADOR! 

Se trata de R Castillo, ¡enhorabuena! Envíanos un correo con tus datos para que podamos mandarte los regalos lo más pronto posible. Gracias a todos por vuestra participación :)



 ¡PLAZO TERMINADO! MUCHAS GRACIAS A TODOS POR PARTICIPAR. MAÑANA ANUNCIAREMOS EL GANADOR :) Este es el listado de participantes:

Germán Díaz
Kai Zakath
Diego Vizcaino
Pechitovidal
Adolphenom
Fran
Unknown (Beni)
6128
Carlos Blanco
Víctor Cerrudo
Joaquín Neira
Aki
Carlos Soria
Jaymz
Carlos
Jose Antonio
Leovanifer
Joan Abad
Pitercio
Samuel Guerrero
Killian Gambler
Anónimo (Carlotus)
Nuño Orgaz
Tognin
fran
R Castillo

Gentileza de nuestros buenos amigos de Videojuegos Horacio, sorteamos para Reyes un fantástico joystick QuickShot Python 1 totalmente nuevo, en su caja original. El joystick es uno de esos clásicos "revienta ventosas" compatibles con Atari 2600, MSX, CPC, C64, etc. Echadle un ojo en la web de Videojuegos Horacio para comprobar todas sus características...

¡Revive viejos tiempos con este pedazo de joystick!

Pero aún hay más, y es que además del joystick el ganador se llevará un flamante ejemplar de nuestro número 9 impreso, posiblemente el último disponible, y ¡ojo!, un librito de RetroRelatos. Menudos regalazos, ¿no?

Si no la tenías aún esta es una de tus últimas oportunidades

Participar es muy sencillo: sólo tenéis que comentar esta misma entrada del blog con vuestro mejor recuerdo de Reyes relacionado con la retroinformática o los videojuegos clásicos. ¿Te encontraste un ZX Spectrum junto a unos muñecotes Masters del Universo? ¿Aquella caja de allí parecía una SNES y luego resultó ser un Quimicefa? ¿Te trajeron por fin esos juegos que llevabas pidiendo desde que sacaste todo sobresaliente? ¡Cuéntanos lo que quieras! Entre todos los que participéis haremos un pequeño sorteo para determinar el ganador y Videojuegos Horacio se encargará luego de enviarle el material. ¡Mucha suerte!



La participación en el concurso se cerrará el próximo lunes 5 de enero a las 22:00. El ganador se anunciará en la mañana de reyes y los regalos se enviarán esa misma semana lo más pronto posible.

viernes, 19 de julio de 2013

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Voces en la oscuridad

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Voces en la oscuridad, por Enrique García Gálvez

"Ayúdame... ayúdame por favor... Estoy prisionera en las mazmorras del Castillo. Mi nombre es Zelda. El mago Aghanim ha hecho algo con las otras chicas perdidas. Ahora sólo quedo yo... Aganhim ha tomado el control del Castillo y ahora intenta romper el sello de los Siete Sabios... Estoy en la mazmorra del Castillo. Ayúdame, por favor..." - las palabras se escuchaban agónicas en su cabeza, demasiado intensas para estar soñando, demasiado reales, demasiado desesperadas.

Link abrió los ojos. Pudo oir el ruido de la lluvia, los truenos... una tormenta. ¿Qué hacía su tío levantado en mitad de la noche? ¿Y que hacía perpetrado con su armadura y sus antiguas armas de caballero?

Esas voces... "Ayúdame por favor" y ahora la imagen de su tío vestido para una batalla hicieron que Link despertara del todo. Se removió en su alcoba. Su tío se percató de ello.

-Link, voy a salir un rato. Volveré por la mañana. No salgas de casa. - le espetó su tío en un tono muy serio. La última de las tres frases sonó contudente, demasiado para "salir un rato". Sin embargo Link no hizo otra cosa que asentir en silencio mientras veía como su tío saliá de casa hacia alguna empresa para nada trivial. Link se quedó solo.

Todavía resonaban las palabras que escuchaba en sueños antes de despertar. Demasiado reales, demasiado desesperadas. No podía quedarse allí. Su tio iba a enfrentarse a algo. Algo demasiado peligroso, y aunque sus últimas palabras le exhortaban a no intervenir, a quedarse, las voces eran tan intensas en su cabeza que decidió desobedecer.

¿Pero qué hacer? Link no tenía armas como su tío, y ni siquiera sabía por donde empezar. Y estaba tan oscuro...
"Ayúdame, estoy en la mazmorra del Castillo". Las voces seguían martilleando su cabeza. El Castillo. Eso era. Se dirigiría al Castillo. Y buscaría a quien le llamaba desde dentro de su mente.

Link empezó a trazar un plan. Rebuscó en el viejo arcón de su tío, y encontró una lámpara de aceite. "Con esto al menos, la oscuridad será menos problema", pensó. Más animado, y decidido a buscar a quién le pedía socorro, salió al exterior.

La lluvía era más intensa de lo que esperaba, pero ya no había marcha atrás. Link empezó a andar el camino hacia el Castillo. No estaba lejos, su casa, alejada del pueblo más cercano, era la más próxima a la fortaleza. En pocos segundos estaba empapado.

Cuando por fin pudo divisar, intermitentemente gracias a los rayos que caían sin cesar, el puente que salvaba el foso del Castillo, Link se percató de que allí había un letrero de advertencia. Lo reconocíó enseguida. Era el aviso del Rey ofreciendo una recompensa a quién encontrara a los siete descendientes de los Sabios. Éstos no eran más que siete muchachas que vivían en el Castillo bajo la protección del Rey y sus magos, y que según decía la leyenda, eran descendientes de los Sietes Sabios que un día libraron a Hyrule de las fuerzas del mal. Y ahora habían desaparecido. "Seguro que esta voz que me pide auxilio sabe dónde encontrar a los descendientes de los Siete Sabios"-dedujo Link, que empezaba a vislumbrar una serie de hechos más complejos que lo que un rapto múltiple de unas pobres muchachas pudiera hacer pensar en el reino, más allá de los típicos comentarios y cotilleos de los habitantes en las tabernas.

El puente no era demasiado largo, ya que el foso tampoco era una medida de protección real. De haberlo sido no habría habido puente, sino un paso levadizo. No obstante, Link notó que algo no marchaba bien. En la entrada al patio exterior del Castillo había un Guardia Real. "Lógico, estamos en mitad de la noche y está haciendo guardia". Pero sin embargo algo no iba bien. ¿Qué era? La armadura. Aquel soldado no vestía la armadura ligera tradicional en tiempos de paz. Aquel soldado iba equipado con toda una armadura de guerra, y tenía el escudo iniesto y la espada desenvainada. A pesar de aquel abrumador detalle, Link decidió que lo mejor era avisar directamente de la situación al guardia y solicitar el paso hacia el interior del Castillo.

-¡Oye niño! ¡No se puede pasar al Castillo! ¡Vete a casa a dormir! - El guardia no había dejado ni que Link comenzara a hablar. Su tono fue tosco y nervioso. Y decididamente también era definitivo. Link pensó que tendría que encontrar otra forma de entrar al Castillo. Debería hacerlo si de verdad queria ayudar a esa chica que le hablaba en su cabeza.

"Ayúdame..." - la voz comenzó a golpearle la cabeza de nuevo, pero esta vez venía con un mensaje nuevo - "Hay una entrada secreta fuera del Castillo..."

¿Una entrada secreta? "¡Por supuesto!"-pensó Link, casí lo gritó-."Todos los Castillos tienen vias secretas tanto para entrar como salir... ¿pero dónde?"

Tras una exploración de los laterales de la muralla, no tardó en encontrarla tras unos arbustos. Era un pequeño agujero muy bien disimulado entre la maleza, abundante por aquella zona y también en las faldas amuralladas del Castillo. Era un pequeño agujero, tan negro y oscuro que Link dudó un momento, pero sólo eso, un momento. Cogió aire y se metió por él.

La lluvia, la oscuridad y el nerviosismo de Link hicieron que este no calibrara bien el paso que estaba dando. Y comenzó a caer. Su cuerpo golpeó y rastreó la pared del pozo por el que caía. El barro le entró en los ojos y de forma inútil intentaba aferrarse, a ciegas, a cualquier elemento que advirtieran sus manos, raices o rocas, pero todo infructuoso. Al poco, llegó al suelo. Más bien se zambuyó en él, pues la lluvia había formado un pequeño estanque al final del pasadizo vertical que acababa de atravesar de forma tan caótica y éste le sirvió para amortiguar la, en cualquier caso, dolorosa caida. Tanto como el aterrizaje. Pero, a pesar del dolor, se encontraba bien, y decidido a avanzar. Ya no había marcha atrás.

Curiosamente no necesitó acostrumbar la vista a la oscuridad, pues se encontraba en un pasadizo enladrillado, del mismo estilo arquitectónico del Castillo, y curiosamente, se encontraba iluminado por pequeñas antorchas en la pared. Parece ser que este acceso estaba utilizándose de forma reciente y frecuentemente por alguien. O quizá por más de una persona. Todo eso a Link ahora mismo le daba igual. Iba a buscar esa voz. Y entonces lo vió.

Estaba tirado en el suelo, bocarriba. Aún asía la espada y el escudo en sus manos, pero la sangre cubría casi la totalidad de su embarrado cuerpo. Era su tío. Un grito mudo intentó llenar el silencio que, salvo los intermitentes goteos provocados por la lluvia, se extendía por todo el pasadizo.

-Tío...-Link se arrodilló e intentó incorporar a su maltrecho protector-Tío...
-Oooh.. Link... - "¡Estaba vivo! ¡Gracias a Dios!" - Link empezó a notar como las lágrimas se amontonaban en los bordes de sus ojos. No sabía si era alegría o pena, pero al menos su tío acababa de hablar. -...no quería involucrarte en esto...Te dije que no salieras de casa... - su tio cada vez hablaba de forma más entrecortada. La sangre le escurría invariablemente de la nariz y de la boca.
-...toma mi espada... y mi escudo... y escucha...-a Link le pareció que su tío le volvía a habar en ese tono tan severo del que era capaz cuando hablaba de "cosas importantes", como él decía.
-...puedes usar el poder de la espada pulsando el botón B... usa el poder de nuestra familia...-Link sabía de lo que hablaba. Había practicado muchas veces con su tío las técnicas de lucha con la espada. Pero ahora... todo era tan real, tan amargamente real.- Link... puedes hacerlo...¡Salva a la Princesa!...Zelda...es...tu...

Silencio. Su tío no terminó la frase. Ni la terminaría. Link notó como todas esas lágrimas acumuladas comenzaron a correr libremente por su rostro. Se abrian paso entre el barro, y la sangre de su tio, muerto. Estaba muerto. "¿Por qué? ¿qué estaba pasando? Tío... ¿por qué no te quedaste tú también en casa? ¿Por qué...?"- los pensamientos, los sollozos, las lágrimas, el dolor, todo se agolpaba y convulsionaba a Link. Y entonces vió el resplandor. Vió la legendaria espada y el escudo que la muerte de su tio habían terminado por dejar caer al suelo. Y supo que tenía que hacer.

Aún entre sollozos, cogió las armas, las que tantas veces había visto limpiar a su tio en casa, con mimo, relucientes. Ahora estaban mojadas, ennegrecidas por lo que parecía oscura sangre y sucio barro, pero aún así le seguían siendo familiares.

"Zelda... Tío... Yo...yo... vengaré tu muerte...salvaré a la princesa... a la princesa Zelda."-Link dejó de llorar. El dolor seguía atenazando su corazón y la expresión de su tio al exhalar su último vestigio de vida se le clavaba como una aguja en su cerebro, pero ahora sabía lo que tenía que hacer, y sabía como hacerlo. Y sobre todo: ahora tenía con qué hacerlo.

Apretó la espada con su puño hasta que la circulación comenzó a serle dificultosa, apretó los dientés y remarcó la respiración. Se levantó y miró al frente. Su tío le había encomendado una última tarea que iba a cumplir. Por encima de todo y de todos. Ahora si.
La Leyenda de Zelda acababa de comenzar.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - En el bosque

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

En el bosque, por Enrique García Gálvez

Llevaban poco de viaje, pero Ax ya estaba empezando a sentirse inquieto. El bosque nunca había sido un lugar recomendable, pero en esta ocasión tenía la certeza de que lo era menos. Además, no cabía otra opción: era el camino más corto hacia VillaTortuga.

Su compañera de viaje iba a su lado, en silencio. No había dicho nada desde que salieran de aquella tarbena donde acordaron abordar esta búsqueda juntos. La venganza común los había unido, lo cual era un sello muy fuerte en el contrato verbal que habían pactado, pero no sabía si, tal como le había asegurado, ella lo sería tanto para afrontar esta búsqueda.

Ax tuvo que interrumpir sus pensamientos.

"¡Ahí! ¡Vienen tres!"

Casi no le dió tiempo a procesar el aviso de su compañera. Cuando quiso darse cuenta tenía a dos esbirros de Death-Adder encima, atacándole con mugrientas y oxidadas mazas de combate. Afortunadamente los reflejos y la experiencia en combate de Ax, volvieron, una vez más, a salvarle la vida. Con un automatismo casi inconsciente, Ax había abatido ya a uno de ellos y conseguido, al menos, derribar al otro.

Por los gritos desgarradores de dolor que le llegaban desde atrás, parecía que su compañera se estaba desenvolviendo bastante bien con el tercer guerrero anónimo que les había asaltado.

"¡Vienen más!" - gritó su extraña compañera.

Ax no tenía que mirar para saberlo, los soldados surgían de entre los árboles, uno detrás de otro, y seguirían haciéndolo bastante tiempo. Ya no había marcha atrás y tendrían que terminar lo empezado.

Cinco, seis... ya había perdido la cuenta de a cuántos había dado muerte. Pero seguían llegando. Ax comenzó a notar un regusto salado en la boca. Era sangre, y no podría asegurar si provenía de sus rivales o de él mismo. Pero eso no importaba, seguiría luchando y despedazando enemigos mientras tuviera fuerzas.

"¡Malditos perros bastardos!" - Un crujir de cráneo acompañó su exabrupto. -"No habrá piedad con ninguno, ¿me oís?" - jirones de carne, sangre, huesos... Ax seguía abriendose paso entre la jauría enemiga.

Con el rabillo del ojo pudo medio apreciar a su compañera... ¿cómo se llamaba? Tyris, dijo llamarse. Se encontraba en una situación similiar a la suya, rodeada de enemigos, aunque parecía llevarlo algo mejor que él, o al menos eso le pareció a Ax.

"¡¡¡Aaaaaaaargh!!!" - Ax no pudo reprimir el grito. El dolor fué tan grande, tan fulminante, tan inesperado, que le provocó náuseas y casi le hace perder la consciencia.

"¿Qué demonios?..¿fuego?" - efectivamente, una llamarada enorme le había alcanzado. No tardó en averiguar su origen. Por encima del hedor que desprendía él mismo, a sangre, sudor, carne y pelo quemado, le llegaba uno más intenso, más penetrante y mucho más insoportable. Sólo había unas criaturas en la tierra que desprendían ese olor inhumano, los dragones. Era escamado y azul, y una guerrera enemiga lo montaba. Se apoyaba en las patas traseras y lo manejaba con soltura. Y era de los que podían escupir fuego por sus fauces. Eso ya lo había sufrido Ax, pero no se volvería a repetir. Antes siquiera de que la atípica jinete se diera cuenta, una carga de Ax con el hombro la había derribado de su montura. Ax alzó su espada para cortar la cabeza del dragón de cuajo, pero un grito le paró la acción.

"¡No! Está dominado con mágia, es dócil... ¡lo usaré contra ellos!"

Antes de terminar la frase, Tyris ya estaba tirando de las riendas e intentado dirigir a la bestia contra sus enemigos, que ante el vuelco de la situación, habían permanecido, por unos instantes, paralizados, entre miedo y desconcierto.

El combate tomó otro cariz, y el apoyo de Tyris a lomos de la bestia hizo que cogieran ventaja. Pudieron avanzar un poco más...

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Final Fantasy VI

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Final Fantasy VI, por Noelia García López

La tierra se vio envuelta en una cruel guerra, sucumbió al poder de la magia y junto a ella desaparecieron los avances tecnológicos.
Tras aquel trágico suceso tiempo después el mundo volvió a renacer, pero 1000 años más tarde la magia que una vez la destruyó, también se perdió y predominaban sobre el mundo la tecnología y las  máquinas que lo controlan a su merced.
Mi mundo se halla intranquilo otra vez, una nueva amenaza lo atemoriza en mi época actual y para mí esto se conoce como la eterna lucha entre el bien y el mal, personas crueles que quieren acabar con todo solo por saciar su egoísmo y obtener el antiguo poder de la magia.

Todo esto que estoy contando en estos momentos no lo recordaba en aquel entonces y de algún modo extraño que alcanzo a comprender, desde un inicio me acabo convirtiendo en parte del protagonismo de esta aventura.
Antes de proseguir contando el antes y el después de mi vida, me gustaría presentarme:
Muchos me han descrito como una chica enigmática nacida con el don de la magia, pero yo nunca me vi así, no sabía de mi poder hasta más adelante, y simplemente sé mi nombre o eso creo saber, ya que en tierras japonesas se me conoce como Tina Branford, pero en el resto de la tierra  me llaman Terra Branford, y os preguntaréis la razón, pero es algo que no desvelaré, el motivo lo acabaréis descubriendo si sois buenos investigadores.

Pero no he venido a comentaros el origen de mi nombre, sino el origen de mi historia, de mi época atemporal y de las personas que aparecen en la misma.

Todo comienza con mi pasado oscuro, cuando uso esa palabra es refiriéndome a que que no era como yo quería que fuera, ya que yo estaba al servicio del imperio de Gesthal, pero en contra de mi voluntad, atada mentalmente y sin ser consciente de ello.
Yo formaba parte de su escudo y era su arma principal, y al igual que el resto de soldados al servicio del imperio usaba una unidad Magitek, esa armadura en la que te subes y puedes no solo andar con ella sino luchar, ya que te provee de grandes poderes similares a los de la magia.
Y he aquí la introducción de cómo acabo descubriendo cuando recuerdo sus planes conmigo:
Un día a mí y otros dos soldados nos mandaron a una misión, la de encontrar un esper congelado que se hallaba desenterrado en las minas de la ciudad de Narshe.
Llegamos hasta allí sin dificultad pero sí con algún adversario contra el cual luchar, y encontramos en aquel lugar el gran esper congelado, el cual reaccionó ante mi presencia brillando intensamente, me acerqué a él en silencio, yo también emití luz y de repente no sé lo que sucedió, dio paso a la oscuridad.

Poco después de este suceso sin saber el tiempo con exactitud, me desperté en una casa desconocida, sintiendo mi mente vagar en la oscuridad, y la razón de esa realidad se debía a que  había perdido la memoria.
Allí me encontré con un hombre el cual me explicó que habían estado manipulado mi mente a merced de sus intereses, con una corona de titiritero, y me movían a su antojo como pieza de ajedrez.
Naturalmente me sentía confusa ante esas palabras, pero todo tenía sentido, por eso no recordaba nada, por eso ese gran dolor de cabeza.
Y de nuevo mi historia una vez liberada de su poder no comenzaba muy bien, venían soldados a por mí, así que tuve que escapar a toda prisa de aquellos que me buscaban por las minas de Narshe, luchando contra otros enemigos allí al mismo tiempo.
Lo único bueno que encontré en las minas aparte de los tesoros que me proporcionaban objetos y  equipamiento necesario para sobrevivir, era la existencia de una luz extraña pero cálida, medio plateada, medio azulada que me ayudaba a sentir mejor, donde podía descansar y guardar todos mis recuerdos hasta ese momento.
A pesar de huir las tropas me encontraron, pero afortunadamente para mí la tierra se abrió, me caí, y del impacto me desmayé.

Acto siguiente creo que se me vino a la mente en aquellos momentos de inconsciencia, una escena del pasado con una persona llamada Kefka que fue quien puso aquel aparato manipulador sobre mi cabeza.
Esa persona era quien tenía la mayor ansia de recuperar la magia un milenio después y pretendía usarme a mí y a otra compañera a la cual tenía engañada.
Poco después alguien vendría en mi ayuda, el cazatesoros Locke, y repentinamente aparecieron unos seres encantadores, los Moguris, los cuales nos ayudarían a salir de allí luchando por mí en tres frentes, pero saliendo airosos.
Cuando aquello terminó Locke me transportó hasta la puerta de la salida de las minas, momento justo en el cual me desperté, le miré, intercambiamos breves palabras y me dijo que confiara en él, que me protegería.
A mí me costaba confiar en la gente, lógico, estaba sumida en un oceáno furioso, con olas que se agolpaban y ahogaban, tirándome al fondo cuando intentaba ver la luz, ya que recordar no era una tarea fácil, pero más adelante lo acabaría haciendo.
Sin peligro aparente teníamos dos opciones: quedarnos unas horas visitando en Narshe la academia de los aventureros para aprender mejor cómo defendernos o caminar hasta Fígaro, y reunirnos con nuevos aliados para encontrar un nuevo mañana.

No me voy a despedir, porque sigo aquí, y solamente quiero deciros que este es el principio, pero no el final, tenemos ciudades por visitar, bosques por explorar, personas a las que conocer, a quienes ayudar y un mundo el cual salvar.
Es cierto que el mundo se acaba con uno mismo, pero también se apaga cuando alguien lo intenta destruir, aunque no permitiremos que eso ocurra y que nuestra labor solo se quede en un simple intento, vamos a mantener el futuro cueste lo que cueste.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Elvira, Misstress of the Dark

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Elvira, Misstress of the Dark, por Vampirro

Desde el mismo momento en que tuvo conciencia de sí misma había sabido que era alguien especial. Cierto es que las monjas del orfanato en el que se crió en su más tierna infancia la habrían definido de otra manera, tal vez utilizando la palabra diabólica, satánica o cualquier otro sinónimo de esos que la hacían sentirse halagada. Porque sí que era verdad que siempre tuvo cierta... afinidad con las artes ocultas.

Su madre, si la hubiera conocido, seguro que le habría dicho que la vida da muchas vueltas. Y efectivamente, en su caso esas vueltas la convirtieron en artista y la llevaron a la televisión a trabajar como presentadora de un espacio de películas de terror, la mayoría tan malas que precisamente en lo ridículamente cutres que eran radicaba su encanto. Además, la gente que veía su programa no lo hacía por las películas, y ella lo sabía. Era consciente que se tragaban aquellos bodrios para poder escuchar sus comentarios y admirar sus curvas. Seguramente mientras la miraban a través de la pantalla se imaginaban acariciando su suave y sedosa piel, hundiendo sus rostros entre su generoso y bien dotado escote... en fin, era el precio de ser tan irresistible, y mejor no recrearse en los pensamientos libidinosos que provocaba, que no era precisamente el momento de ponerse romántica.

Volviendo a las vueltas de la vida, estas la hicieron heredar un castillo de esos de piedra al estilo medieval europeo. No tenía ni idea de que esas cosas se hubieran construido en Estados Unidos, pero por lo visto así era. El caso es que el castillo había pertenecido a su tatarabuela Emelda, una poderosísima bruja que de alguna forma había conseguido burlar a la muerte. No a la muerte mortal, por decirlo de alguna manera, pues ella murió de -muy, muuuuy- vieja, pero sí a una muerte... total. Su alma, su esencia, su maldad... como se quiera llamar, había impregnado al castillo y lo utilizaba como recipiente para su voluntad.

Así que heredar un castillo parecía bueno. Grandes salones donde celebrar fiestas, infinidad de habitaciones donde alojar a sus distinguidos invitados, mazmorras oscuras donde dar rienda suelta a su lujuriosa y tal vez un poco pervertida imaginación...

Pero heredar ese castillo ya no era tan bueno. Y no tardó en descubrirlo. Como resultado de aquello, ahora ella era la que estaba prisionera en él, y de alguna forma su tatarabuela se las había apañado para poblar todo el castillo de toda clase de fieles sirvientes y algún que otro ser del averno que obedecía ciegamente sus deseos. Y eso sin contar con la magia en sí al servicio de Emelda que emanaba de todo el lugar.

En pocas palabras, estaba atrapada, y su tatarabuela no se habría tomado tantas molestias para con ella si su tataranieta no formara parte de sus planes. Elvira no era bruja, pero no se necesitaba ningún master en brujería para saber que fuera lo que fuese lo que Emelda tenía destinado para ella no iba a ser bueno.
Por lo menos tenía cierta libertad para deambular por el castillo, así que por pasar el rato se dirigió a uno de los dormitorios. Se recostó de lado sobre la cama y se quedó contemplando sus largas y bien formadas piernas sobresaliendo de la raja de su vestido.

Tal vez, pensó, tendría que hacer examen de conciencia, pues si nada lo remediaba probablemente moriría en breve, y seguramente entre terribles sufrimientos. Tampoco entendía muy bien para qué lo del examen de conciencia, pues hacerlo o no no iba a arreglar su situación, pero por una vez no le parecía mal hacer lo que todo el mundo hacía.

Podría decirse que había hecho muchas cosas mal en la vida. Tal vez, pero es que ella era diferente. Puede que una mujer tradicional pensara que casarse, tener hijos y cuidar de su familia fuera su meta en la vida, y tal vez una mujer más moderna pensara que su carrera profesional era lo más importante por encima de todo lo demás. Pero nada de ello cuadraba con su forma de vida. Aquello que otras personas consideraban errores o malas decisiones, ella lo llamaba vivir. Incluso si sus días estaban a punto de terminar en aquel castillo, sabía que al menos había vivido. Y esa era una sensación muy liberadora.
No es que deseara la muerte, claro. Le gustaban los motivos tétricos, los esqueletos, las calaveras, las grandes arañas, el terror, los bichos monstruosos... pero había una diferencia entre la estética oscura y la muerte, la verdadera muerte. Aún le quedaban muchas experiencias por vivir, muchas fantasías por cumplir y algún que otro deseo inconfesable que probar. Pero no le tenía miedo a la muerte. Quizá también porque de alguna forma ella siempre había sido positiva por naturaleza. Por muy mal que fuera las cosas, siempre estaba convencida de que algo bueno estaba a la vuelta de la esquina. Algunos lo llamaban fe, otros destino, providencia, la Fuerza o cualquier otro término similar. Pero ella simplemente confiaba en su buena suerte. Y cuando peor era la situación, más confianza tenía.
Porque, pensaba mientras deslizaba suavemente la punta de sus dedos por sus muslos, a fin de cuentas la vida es como una balanza. En el azar a veces te suceden cosas buenas, y a veces malas. A veces se forman rachas buenas, y a veces malas. Pero en su cómputo general las cosas buenas y malas se compensan. Así que si se está en una racha mala, muy mala, es porque tarde o temprano llegará una buena. Y si no llega, es porque esta ya se disfrutó, y entonces no hay de qué quejarse.
Se estiró en la cama boca arriba, viendo su imagen reflejada en el espejo que alguien había colocado en el techo de la habitación, justo encima de la cama. ¿Para qué querría alguien poner un espejo ahí? Bueno, qué pregunta, se dijo, para qué podría haberlo puesto. Y seguro que en otras circunstancias habría podido sacarle bastante partido.

Durante unos instantes se dedicó a hacer miradas insinuantes a su propia imagen, recreándose en ellas. No es que le gustara presumir, bueno, qué demonios, sí que le gustaba presumir, pero porque podía. Había que reconocer que era una mujer muy hermosa, y su forma de vestir, que muchos paletos incultos consideraban como inapropiada o directamente de zorra, le favorecía.

Se acordó de una mujer -seguramente frígida- que trabajaba en la televisión dando las noticias. Le dijo que no tenía clase y que su forma de vestir no dejaba nada a la imaginación. La envidia, que era muy mala. Mirándose en el espejo así, de cuerpo entero, era evidente que no tenía nada de razón. Vestía de forma provocativa y sexy, realmente desde los cuatro años se había vestido y maquillado más o menos así, y lo que mostraba no es que no dejara nada a la imaginación, sino todo lo contrario: la desataba.
Recordando sus experiencias pasadas con la ropa, se acordó de cuando en Halloween se disfrazó de vampiresa. En el castillo había visto también una de verdad, y entonces pensó que igual simplemente le harían eso, convertirla en una chupasangres. Y entonces sería joven para siempre y viviría eternamente, buscando hombres grandes, rudos y fornidos de los que alimentarse y esclavizar con sus poderes vampíricos para que cumplieran todos sus deseos. Ante las cosas que les haría que iban pasando por su mente su lívido no pudo contenerse. Buen momento para sentirse excitada, se riñó un poco, tal vez a pocas horas de morir. Aunque bien pensado, se dijo, si voy a morir, no pasará nada por disfrutar un poco antes de que suceda.

Pero... ¿por qué tenía que morir? Nunca en su vida se había rendido hasta ahora. Era joven, era guapa, tenía talento, sabía cantar, también bailar, en la cama disfrutaba con cosas que en muchos sitios eran ilegales, tenía sentido del humor y, por si fuera poco, la sangre de varias generaciones de brujas corriendo por sus venas. Además, había un detalle importante. Tenía cientos, miles, millones, miles de millones, billones, trillones, billones de trillones, miles de millones de billones de trillones de fans loquitos por sus huesos. Y por toda la carne que rodeaba a sus huesos también. Seguro que más de uno, y de dos, y de... bueno, de muchos, intentaba buscarla. ¿Acaso su camerino no estaba siempre lleno de moscones de todas partes del país que habían venido sólo para verla? Así que... ¿por qué no lo iban a hacer ahora, aquí?

Sí, seguro que algún ingenuo que sólo quería un autógrafo o cualquier tontería de esas -con la de cosas que le haría a sus fans...- localizaba el castillo, descubriría que estaba presa e intentaría liberarla. Casi seguro que los esbirros de su tatarabuela se los cepillaban a casi todos, pero era en el casi donde se hallaba su salvación, porque a ella le bastaba una sola excepción para escapar de allí. Y de todo lo que viniera, alguno habría competente, ¿no?

De todas formas, a ver, si fuera tan fácil escapar del castillo como simplemente encontrar la salida habría salido por el mismo sitio por el que entró y ella ya se habría liberado solita. Estaba atada aquí por la magia de su tatarabuela, así que sólo la magia podría liberarla. Y bueno, vale, que sangre de bruja corriera por sus venas no significaba que ella tuviera los conocimientos de una bruja. Aunque... no era la primera vez que tenía sueños premonitorios, y sí, había soñado con el castillo, con un cofre, en el que dentro había un libro de recetas, pero esas recetas no eran simples recetas de cocina sino conjuros mágicos. Eso es, con ese libro sería capaz de liberarse del yugo de Emelda. Seguro. Más que nada porque si no, su tatarabuela no se habría tomado tantas molestias en esconderlo.

Bien, ya tenía una especie de plan. Simplemente pasearía por su castillo y esperaría a que sus fans entraran en él. No podía acompañarles -si lo hiciera, atraería a los guardianes y no durarían nada-, pero sí podría alentarles y ayudarles. Y si el miedo les atenazaba y se sentían tentados a huir, su encanto y su escote harían el resto. Para que luego dijeran que no sabía vestir con clase...

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - El final de la historia

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

El final de la historia, por Deivid

El sonido de un goteo incesante me recordaba que me encontraba bajo millones de litros de agua salada, y que quizás aquella fuera la causa del embotamiento que sufrían mis sentidos. El zumbido en los oídos no me dejaron escuchar bien lo que me gritaba aquel rubio malcarado, aún estando claro que se trataba de un orden y que debía de acatarla a lo voz de ya. Desorientado, con la cabeza dándome vueltas sin cesar y la náusea subiendo y bajando hasta la comisura de mis labios resecos, di un paso adelante casi como un autómata. La temperatura volvía a subir, aquello era escandaloso, ¿por qué no habían ventilado bien aquella sala si tan buenos constructores fueron sus creadores? Desde luego aún mantenía mi fino sentido del humor. Tenía gracia, los vapores que emanaban del suelo convirtieron aquello en una reunión grotesca en la que apenas nos veíamos las caras los unos a los otros. Me quité el sudor de la frente con lo que quedaba de aquella manga mugrienta de mi chaqueta y di otro paso al frente.

Pensaba en las infernales horas anteriores, ¿cuánto había pasado? ¿Un día? ¿Dos? La verdad es que aún no me explicaba cómo había llegado hasta este punto sin retorno. Estaba atrapado entre la espada y la pared como tantas otras veces, pero ahora no veía la salida por ningún lado. Tanta suerte, tanto oportunismo, y ahora me fallan cuando más los necesito, ¡maldita sea! Tantos viajes hacia los lugares más recónditos del planeta me habían curtido, pero parece que había encontrado, ahora sí, la horma de mi zapato. Me quité el sombrero que me estaba asfixiando ya desde hacía un buen rato y lo tiré a un rincón enfurecido por no haber sido más desconfiado. Socarronería, de aquello sí que iba sobrado. Cometí un error de principiante en el submarino, un aviso, pero no le había hecho caso y estas eran las consecuencias.

Y luego estaba aquella pelirroja algo pizpireta y desenvuelta, quizás demasiado parecida a mí, pero de la que me había enamorado desde el principio. Sabía que no la volvería a ver jamás. Su pelo rojo como el carmín titilaba en algún rincón de mi cabeza aún sabiendo que este recuerdo duraría poco. Me afanaba en no desprenderme de él, ¡ja! Menuda tontería, la olvidaría sin más. Mi nueva condición incorpórea no necesitaba de unos recuerdos tan vanos, tan terrenales y demás paparruchas sentimentales, y de todas formas siempre me había ido más la acción. Estaba por encima de todo eso, o al menos eso pensaba.

Escuché un grito que resonó en el fondo de mi cabeza, luego todo se tiznó de un color rojo intenso. El calor ya era insoportable, necesitaba deshacerme del cascarón que cubría mi espíritu de una vez por todas, dejarlo todo atrás y subir, subir… Un poco más abajo las caras del rubio prepotente y aquella especie de científico loco cambiaron el rictus y ya no reflejaban el triunfalismo nauseabundo de antes. Veía el horror en el fondo de sus ojos y quería aprovecharme de ello. Me metí en sus mentes sin pudor alguno para constatar que ya se habían percatado que después de desaparecer no había nada, ni gloria, ni medallas, ni reconocimiento de aquel loco bajito con aspiraciones todopoderosas. Solo el sucio pozo del olvido. Me reía con sólo pensarlo. Ascendí un poco más, me deshice de los últimos harapos que me cubrían la piel y decidí librar a la humanidad de aquel par de indeseables con una risotada gutural que retumbaba desde lo más íntimo de mi corazón.

Ya faltaba poco, notaba que no podría soportarlo mucho más y ante mí se abría una brecha que me llevaría a mi verdadero mundo, lo que estábamos buscando desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo. ¡Es grandioso! Solté una lágrima de felicidad, quizás la última de mi vida. Unas figuras incorpóreas de luz brillante abrían sus brazos y me atraían hacia ellos con una fuerza inmensa a la que no podía resistirme. “Ya… ya voy…” gritaba mi cabeza en silencio, empapado de un sudor que en realidad ni percibía. Un fulgor verde iluminó mi cuerpo convertido ya en vapor y algunos trozos de carne quemada, cuando de pronto aquellas formas cambiaron y pasaron a ser pavorosas bocas de dientes afilados sedientos de una nueva alma de la que alimentarse. No tenía miedo, sólo la seguridad de que aquello era el fin. Ojalá hubiera escogido mejor mis palabras un poco antes, pero ya era demasiado tarde, ya no pertenecía a este mundo. Los recuerdos de Tikal, las Azores y el viaje en globo se los tragó aquel maldito medallón siempre hambriento de la vida de los demás. El fez rojo, el submarino alemán, el laberinto donde nos perdimos… Y lo mejor, aquella tarde cuando fui a buscarte al teatro... Vanos, vanos recuerdos terrenales.

Adiós Sophie, fue bonito mientras duró, ¿verdad?

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Destino

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Destino, por Jaime Ribolleda

Lentamente, con la pereza del que sabe que le espera una dura jornada por delante y no siente prisa alguna por darle comienzo, el hombre salió de la fría casa en busca de un balde de agua con el que asearse antes de sentarse a tomar el desayuno que su mujer preparaba en esos mismos momentos. Miró al cielo con preocupación, tratando de determinar a qué distancia se encontraba la tormenta cuyo sordo rumor oía desde que había abierto la puerta. El cielo, sin embargo, aparecía completamente despejado. Iba a ser un hermoso día.

Arrastrando los pies, llegó hasta el pozo y, laboriosamente, jalón tras jalón, subió el cubo hasta el borde, desde donde lo inclinó con la destreza nacida de la rutinaria práctica. El murmullo se hacía más y más audible. El campesino, extrañado, volvió a levantar la mirada, llevándola de extremo a extremo de la oscura franja de cielo sobre su cabeza. Ni una sola nube a la vista. Extrañado, pero habituado a los impredecibles cambios a los que el capricho de los Dioses nos someten, cogió el cubo y dio media vuelta, pensando en las gachas que, una mañana más, le esperaban en la casa.

Pero algo llamó su atención. Un imperceptible movimiento en el rabillo del ojo, o un sutil cambio en la densidad de las sombras, le hizo girar la cabeza hacia su derecha. Había algo a lo lejos. Algo enorme, moviéndose a una velocidad endiablada por sus tierras. Girando sobre sí mismo, el campesino dio varios pasos en esa dirección, forzando la vista, tratando infructuosamente de delimitar siluetas en la oscuridad de la última hora de la madrugada.

Poco a poco, la negrura fue tomando forma, mientras el rumor que había tomado por el sonido lejano de truenos se hacía más audible y conciso. El sonido de los cascos de un caballo. Como invocado por su mente al discernir por fin la naturaleza del sonido, un gigantesco caballo, el más grande que hubiera visto jamás, apareció ante sus ojos.

Con las largas crines azabache perladas por el sudor, los belfos cubiertos de espumarajos, y los flancos salpicados de sangre, el animal era una visión de pesadilla. En su cercanía, podía notar el suelo temblar bajo el terrible impacto de los cascos del bruto, con los que arrancaban enormes trozos de tierra que lanzaba al aire, dejando a su paso un literal rastro de destrucción.

El campesino se detuvo, inmovilizado por el miedo. El sentido común le decía que saliera corriendo hacia su casa; pero la curiosidad, su diez veces maldita curiosidad, acabó por imponerse, como solía, al recelo. El descomunal caballo ejercía una fascinación imposible de eludir en el hombre, embebido en el recuerdo de las historias que en su juventud le contaron sobre la Edad de los Héroes. Se acercaría un poco más, sólo un poco más, para poder ver al jinete de tan extraordinaria bestia.

Ni aún la temeridad nacida de la curiosidad logró que el hombre acelerara el paso. Notaba como todo su cuerpo vibraba al ritmo sincopado del violento batir de los cascos del caballo. Paso a trabajoso paso se fue acercando perpendicularmente a la furiosa línea que el caballo cortaba en sus tierras mientras, sorprendido, una risilla nerviosa se escapaba entre sus labios al pensar que podría aprovechar los surcos trazados por el extraordinario bruto para acabar de plantar las calabazas sin tener que dejarse el espinazo.

Estaba ahora lo bastante cerca, y traía el naciente día la suficiente claridad para distinguir no una, sino dos figuras sobre el caballo. La primera de ellas, un guerrero vestido con peto, grebas y yelmo, cuyo penacho ondeaba furiosamente al viento. Detrás suyo, firmemente asida a su cintura, lo que parecía una niña vestida con un rico vestido blanco, arrebujado alrededor de sus piernas. Una docena de hipótesis pasaron por la cabeza del campesino, que miró en la dirección de la que los jinetes provenían, la región del monte Atos, esperando ver, a la zaga, el motivo de su alocada carrera. Pero sólo los restos de la tierra levantada por los cascos del caballo aparecían a la vista.

De pronto, el caballo tropezó. Un nudo se formó en la garganta del hombre que vio, casi como si los actores de la tragedia que estaba teniendo lugar ante sus ojos se hubieran introducido en una tinaja de aceite, cómo el bruto se desplomaba y los jinetes salían despedidos por los aires. El guerrero giró en mitad del arco ascendente y enlazó sus recios brazos alrededor de la niña, encerrándola en un escudo de carne y hueso. El impacto fue tremendo. Perdida toda cautela, el labriego salió corriendo en pos de los caídos, preguntándose si habrían podido sobrevivir a semejante choque; desde luego, reflexionaba, él se hubiera roto el cuello.

La nube de polvo levantada por el doble impacto se disipaba apenas cuando el hombre llegó junto a la pareja. Cubiertos de tierra, los jinetes estaban en el suelo, unos pasos más allá del caballo; el guerrero se encontraba boca arriba, con los brazos aún cerrados alrededor de la niña, que estaba hecha un ovillo sobre el torso del hombre. Mientras se acercaba a la pareja, dirigió una fugaz mirada al hermoso caballo que yacía a su izquierda con los ojos desorbitados y la lengua colgando; muerto por el agotamiento.

Se agachó junto a los caídos, tratando de determinar si habían sufrido el mismo destino que el noble bruto. Al poner su mano sobre el hombro del guerrero, la mano de éste se disparó hacia arriba, cogiéndole por el cuello. Aún cuando el campesino era un hombre aún joven y fuerte, curtido por años de duro trabajo en el campo, la mano del jinete se cerraba sobre su cuello como un cepo, con irresistible fuerza que no pudo vencer.

Fue entonces cuando la niña se dio la vuelta, incorporándose. Sólo que no era una niña, sino la joven más hermosa que jamás hubiera visto en su vida. Su preternatural belleza llenaba las tinieblas que aún se resistían a desvanecerse con una luz tan intensa como el sol del mediodía.
Embelesado, el hombre había olvidado incluso la mano que se cerraba poderosamente sobre su cuello; en cualquier caso, se hubiera quedado sin respiración.

La muchacha puso una delicada mano sobre el hombro del guerrero, que soltó inmediatamente su presa sobre el pobre campesino, que cayó al suelo hecho un ovillo. La chica le dirigió una mirada de disculpa, y pudo apreciar que los exquisitos rasgos que formaban ese rostro perfecto estaban cruzados por las marcas de un intenso sufrimiento. Observándola ahora con atención, vio que su vestido de ricas telas estaba hecho pedazos, sucio de tierra y sangre que, rogaba, no fuera de ella.

Dirigió entonces la mirada a su acompañante. El hombre era un gigante, terrorífico en su atuendo de batalla. Resultaba obvio al verle que había pasado recientemente por un órdago desconocido, pero que por la conexión entre los dos jinetes algo tenía que ver con la muchacha. Tenía el cuerpo envuelto en incontables vendajes, sucios y rotos, pegados al cuerpo en muchos lugares donde la sangre había salido de las heridas nuevamente abiertas. Vendajes improvisados, pudo apreciar, con tela del vestido de la muchacha.

Su rostro era una impenetrable máscara de resolución, la viva imagen del coraje y la determinación. Si ella parecía exhausta, sólo podía tratar de imaginar por qué horrible experiencia había pasado él. Y allí estaba, impertérrito, la pálida faz dura roca cincelada según las facciones de un ideal, ya no de belleza, sino de fuerza.

La pareja intercambió una silenciosa mirada preñada de significado que, al unísono, dirigieron al norte, más allá de las colinas. A lo lejos, la mortecina luz del alba se reflejaba, irisada, sobre los azules ladrillos del Castillo Griego, distorsionada por la bruma que se alzaba desde el foso. La hermosa construcción aparecía ahora rodeada de un hálito oscuro que la convertía en una presencia pulsante y maléfica, cubierta de ventanas que recordaban a las vacías cuencas de una calavera, mirando con odio a la pareja que, sin vacilar, les sostenían la mirada.

El campesino sintió que estaba presenciando algo extraordinario, y sintió un profundo pudor por ello. Se sentía como si estuviera espiando un momento único de intimidad, invitado indeseado a una tragedia personal como las que escribieron los grandes dramaturgos de su tiempo. Y, al mismo tiempo, le invadió una oleada de incontenible ternura por los dos perfectos desconocidos, actores principales de esa tragedia cuyo argumento desconocía, pero cuyo final le hubiera gustado poder escribir de su propio puño y letra, si hubiera aprendido a escribir.

Con una sonrisa triste y cansada que reflejaba un infinito amor, la muchacha tendió la mano al guerrero, cuyo pétreo rostro se animó por un instante con un visible sentimiento de correspondencia, en un momento de perfecta unidad, aún en su situación.

“Vamos, Popolón. Nuestra hija nos espera.”

Sin mediar otra palabra, el hombre asintió con gesto breve, la sonrisa aún pintada en la cara y, cogiendo la mano que le tendía su compañera, retomaron el camino hacia su destino.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - De la vieja escuela

0


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

De la vieja escuela, por Juan José Gamez Reyes

Retro… qué recuerdos, en esos tiempos de mi niñez cuando lo descubrí por primera vez y de mis tiempos cuando solía jugarlo, lo recuerdo como si fuera ayer.

Cuando tenía como alrededor de 10 u 11 años jugué por primer vez una máquina de recreativa de mi barrio que cuando era pequeño solía decir maquinita de juegos, el primer juego fue BAD DUDES VS NINJA DRAGONS dando puñetazos y patadas, recuerdo en su momento que estaba mi padre conmigo riéndose porque cuando daba esos puñetazos y patadas yo diciendo “uooooo técnica de kung fu yia yia yiaaaa” cuando me ponía a derrotarle a los ninjas, llegó un momento que tuve que dejar de jugar porque me hice una herida en el dedo menique por culpa del palo o palanca (en realidad es un joystick pero siendo pequeño solía decir eso ya que no conocía esa palabra) y llorando porque mi padre me llevó a casa para curármelo y yo diciéndolo “noooo papa que tengo que derrotarles cueste lo que cueste”, al final tuve que dejarlo porque la herida era muy seria, cuando me lo curaron con el tiempo pude volver para poder derrotar aquellos ninjas que hacían el mal como solía decir yo de pequeño jejeje.

Con el tiempo, cuando tenía ya cosa de 13 o 14 años, salió un juego de pelea que se llamaba STREET FIGHTER II, me dio mucha curiosidad de verlo y de probarlo, vi a una persona que tenia que jugaba con….como solía decirlo de pequeño “el hombre karateka” cuando en realidad se llamaba Ryu, vi cómo daba puñetazos y patadas con una especie de hindú que cuando veía de luchar hacia técnicas de tal manera que le llegue a ponerle de apodo el hombre plástico, que en realidad se llamaba Dhalsim, pero claro, no solía recordar bien los nombres o cómo pronunciar bien algunos en su momento cuando era un crío.

Cuando llegó mi momento pude coger a mi primer luchador, que sería uno de mis favoritos, que era el hombre karateka como mencioné antes, también vi a unos chicos que seguramente estaban impacientes por jugar y les escuchaba decir “bah, es un crío, tiene pinta de que perderá con el primer oponente jeje” de forma vacilona y haciéndose el chulo “VAS A PERDER”, pero los ignoraba y sólo me centraba con mi hombre karateka, cuando empecé a jugar hice muchos puñetazos y patadas, veía que los ataques eran distintos, flojos, medianos y fuertes y claro, cada ataque hacía su daño, y siendo pequeño no lo entendía, pero poco a poco comprendí cómo iba, estaba jugando y me dio por probar cosas hasta que hice un poder, yo estaba flipando, pensé y me puse a decir “ondia! Hice la onda vital de Goku!” y los chicos que estaba a mi lao riéndose por lo que decía, más tarde hice otros poderes que uno le llame el helicóptero y otro el súper puño volador, los chicos muy sorprendidos que nunca vieron esos poderes ya que me preguntaron ”oye niño, ¿cómo se hace esos poderes?” ya que por lo visto parecía que lo intentaba en sus anteriores partidas y no sabían ellos como se hacen y yo conseguí hacerlo y me sentí orgulloso jejeje.

Luego con el tiempo salieron mas títulos que también me jugué como por ejemplo Double Dragon, Black Tiger, Shinobi, Aliens, Altered Beast, Biomechanical Toy, Snow Bros y algunos títulos más que por desgracia no lo recuerdo del todo y si me ponía a contar todos tardaría una eternidad jejeje.

Hubo un momento en que estaba en mi casa comiendo y viendo mis dibujos animados favoritos, que eran LAS TORTUGAS NINJAS, cuando acabó el capítulo pensé a mi mismo diciéndome “ojalá salga en las maquinitas, sería muy divertido”, y con el paso del tiempo cuando fui a mi recreativo favorito, vi algo que me hizo sentir como el día de reyes dando saltos de alegría al ver en la máquina de LAS TORTUGAS NINJA, jugué mucho y no era muy bueno por aquel entoces pero me encantaba jugarlo ya que además de eso eran mis dibujos favoritos y luego pensé “ojala salieran algunos para las maquinitas algunos de mis dibujos favoritos que suelo ver”, pero no siempre pasaba, los juegos con los que soñaba y me gustaría poder jugar INSPECTOR GADGET o EL PRINCIPE VALIENTE pero si salieron algunas como el caso de LAS TORTUGAS NINJAS o también G.I.JOE, LOS SIMPSONS y algunos otros títulos mas que por desgracia no recuerdo.

Con el tiempo aparecieron máquinas y consolas con las que que podías jugar en casa como el spectrum, que fue el primer ordenador con el que jugué pero como era de mi hermano ya que sabía como manejarlo, era un teclado y se le podía insertar una cinta de casete, una vez le pregunté a mi hermano ”¿qué haces metiéndole en la maquina una cinta de música? ¿la música son juegos?” le preguntaba eso a mi hermano mayor y él riéndose me dijo “No, son cintas de casete de juegos para esta maquina en especial” y veía como lo preparaba para jugarlo, cuando lo ponía se escuchaba un ruido molesto pero por lo visto era asi para poder funcionar y mientras hacía esos ruidos, veía en la televisión mucho colores cambiándose continuamente y cuando pasaba un rato veía a un hombre del espacio con una metralleta y era el título del juego con la imagen, era muy distintito si se comparaba el de una revista o de la carátula del juego donde venia, ya que se veía muy bien el dibujo y el de la televisión de mi casa se veía a cuadrados, pixeles, y no como me imaginaba pero era normal en su época.

Pasaron los años y aparecieron juegos y plataformas diferentes,como los juegos de  tiros, en el que tenias la oportunidad de coger una pistola y disparar a los malos para que no hicieran fechorias, o los aliens, así como en el caso de AREA 51, ese juego era realista porque los protagonista se veían como si estuvieras viendo una película en vez de estar jugando, pero sólo en algunas secuencias. Luego aparecieron otros títulos de otros juegos de pistola como el de ser un buen policía o ser el sheriff de la ciudad de un pueblo que se llenó de bandidos forajidos para salvar a los inocentes ciudadanos del mundo del oeste.

Conforme pasaba el tiempo, aparecieron más consolas como la MASTER SYSTEM, con el mítico ALEX KID, y algunos juegos de SONIC, que también era otros de mis favoritos. También lanzaron la NINTENDO, y más tarde las que te podías llevarte a cualquier lado para jugarlo en la calle como la GAME BOY con juegos como súper Mario, o la GAME GEAR con mas juegos de Sonic y algunas maquinas de bolsillo más que también salieron, Arkanoid o algún juego de Tetris, pero no recuerdo bien el  nombre de esas maquinitas de bolsillo ya que eran para mi desconocidas.

También recuerdo bien algunos juegos de matar marcianos que no suelo jugar mucho, como no soy muy habilidoso a la hora de manejar naves espaciales y derrotar a los ovnis o algunos aviones de combate, no me disgustan, pero he de reconocer que ese tipos de juegos son de los que me cuesta jugar bien, no soy ningún gurú en los videojuegos  jejeje.

Con el paso de los años, se crean nuevas recreativas, consolas y estas mejoran y evolucionan pero…¿sabéis que?

Aunque estemos en tiempos modernos y obviamente me sigo considerando jugador muy atractivo, prefiero los juegos y maquinas de la vieja escuela. Yo nunca dejaría de jugarlas por muy viejo que estén, puede que para algunos sean anticuados o muy viejos pero yo jamás dejaría de jugarlo digan lo que digan ya que nací jugando con esos juegos que hoy en día lo denominan como RETROS y me seguirán gustando todos.

Los juegos RETROS puede que sean viejos pero, a todos los que nos hemos criado y disfrutado con ellos hemos comprobado que hemos dejado una marca es nuestras vidas, al igual que molones o guay como se dice hoy en día, así nunca dejare de jugarlo pase lo que pase.

Cuando llegue el día que tenga que dejar este mundo, al igual que todas las cosas que eso conlleva, amigos, familiares y seres queridos. También seguiré llevando en el fondo de mi corazón que siempre disfrute y me divertí mucho durante muchos, muchísimos años…algo llamado….JUEGOS RETRO.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - The early years: Sol Negro, exámenes y listados BASIC

2


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

The early years: Sol Negro, exámenes y listados BASIC, por Frank Romero

Dejadme que me presente. Quiero contaros mis primeras experiencias con los ordenadores; experiencias reales, porque tengo ya unos cuantos años, y aunque a los de mi quinta algunos analistas nos llamen “pioneros de la Era Digital”, no recuerdo los 80-90 como esa fantasía retrofuturista de diseño de algunos anuncios.

El ocio de mi infancia, y la de los demás chavales de mi barrio se limitaba a los juegos de toda la vida: El escondite, las chapas, carreras con coches, batallas con soldaditos.

Poco a poco a algunos nos compraron ordenadores: Un vecino mío tenía un Amstrad CPC; otro, un ZX de 128k, y otro que vivía un poco más lejos, un MSX1 HX10 de Toshiba. La excusa que ponían en las tiendas para comprarlos era que valían para la Educación; en mi caso la excusa de una de mis hermanas era que “quería practicar mecanografía”.  Eso, y mis notas altas en clase  hicieron que en casa le diesen vueltas al asunto.

En fin, que mis padres por fin se dieron por convencidos, y la mañana de Reyes del 89 teníamos un MSX1 de Sony (HB20P).

Durante un tiempo, en verano alquilábamos cartuchos de Konami, yo me maravillaba con aquellas creaciones digitales que aparecían en nuestra TV (no, no había monitores).

Tuvieron que pasar 3 ó 4 años para disfrutar más conscientemente de él, haciendo pequeños trabajos para casa conseguía unos duros (no, tampoco había Euros) y compraba juegos en cassette (que ya escaseaban).

Enseguida me empecé a interesar por la programación BASIC. Eran otros tiempos, no había Internet ni tutoriales en los que inspirarse, pero algunos de aquellos listados (programados en solitario, a veces nos juntábamos hasta 3 chavales) fueron únicos.

Cuando casi nadie nos entendía, yo ya empezaba a familiarizarme con términos como Lógica Binaria, Sprites, Hexadecimal, Pokes…

Aunque me gustaban los juegos en general, recuerdo con mucho cariño los plataformas. Uno de los primeros que compré fue Sol Negro (cuando el MSX ya no se vendía en las tiendas).

Aquel juego para mí era impresionante, porque me encantaban los cómics americanos de Marvel y DC, y los personajes de aquel  juego, aunque monocromos, parecían salidos de una página de viñetas (hasta tenían onomatopeyas).

La portada mostraba a la pareja de protas, Bully (un fortachón tipo Marine con un rifle futurista), y Mónica (una enigmática guerrera del futuro). Recuerdo haber recorrido minuciosamente cada centímetro de aquella portada, una gozada visual: la geometría de las letras del título, las texturas del arma hechas a pincel aguado, las botas deshilachadas de la chica ondeando al viento, el perfilado comiquero de toda la escena, la fuerza de sus miradas con el eclipse de sol de fondo... por aquella época hacía una especie de fanzine totalmente casero (MSX1 Revista), y en un número entinté y coloreé  un A3 con la portada de Sol Negro (esto ayudó mucho al Sobresaliente en Clase de Dibujo, jejeje). Años más tarde, me enteré que el autor original era un ilustrador muy famoso en la Cimoc y en el cómic hispano, Juan Giménez (y que hizo muchas portadas para los juegos de Ópera Soft).

De hecho y sin saberlo, unos años antes había visto una portada de Microhobby en los Kioscos “Soviet”, también dibujada por Giménez, y también me impactó.

Pero aquel juego con portada especial era especial por más cosas: Las animaciones y onomatopeyas al recibir golpes, el carisma de los personajes, todo el ambiente de aventura de la 1ª carga, detalles que complementaban un mundo con muy poca resolución gráfica: setas gigantescas de fondo, un bicho elástico cuya boca abierta ocupaba casi media pantalla, unos marsupiales saltarines que te mandaban al otro barrio si te rozaban...y un montón de buitres volando en formación.

Unos detalles simpáticos: el Prota tenía una mochila voladora (Jetpac), y si volabas demasiado tiempo sin repostar, empezaba a echar nubecillas de humo y se caía. Si perdías la vida, Bully se convertía en piedra y se rompía en pedazos.

Yo era muy malo jugando, y el avanzar poco lo suplía con la imaginación de ver nuevas pantallas (en mi defensa he de decir –sobre todo a los más jóvenes lectores- que en aquellos juegos no podías grabar partidas ni existían complicados walkthroughs, si tu personaje moría, tenías que empezar desde el principio). Enseguida me consiguieron fotocopias de El Pequeño País con el comentario del juego, y la combinación de teclas para conseguir vidas infinitas (lo que me permitió ver todas las pantallas, y aprender más adelante a comprender el sistema de “tiles” usados en los plataformas).

En esas hojas también venía la clave de acceso a la 2ª fase, y ya con 15 años vi la 2ª carga, que fue como ver un juego nuevo, no tan ilusionante como el 1º, pero sí muy curioso (con la chica de protagonista, disparando a los peces en un fondo submarino).

Y además todo ocurría en un contexto postapocalíptico, tema que aún estaba de moda en muchos juegos de las consolas de 16 bits (y que lo hacía más atemporal).

La única pega era el formato: Sol Negro venía en un cassette (blanco con pegatinas rojas), e instrucciones impresas en papel, para la 1ª primera partida había que cargar el juego durante 15 minutos, después de escuchar un montón de ruídos “blip” infernales –tipo Fax). Mis amigos y yo suplíamos la espera flipando con la pantalla de carga -una pseudo digitalización con las caras de Bully y Mónica-.

En 1999 y con la ayuda de un colega, programamos un arcade para MSDOS con dibujos escaneados; Sol Negro y la peli de Terminator  fueron  mis principales inspiraciones a la hora de crear los gráficos.

Después conseguí el Emulador FMSX y pude volver a ver Sol Negro moviéndose y sonando en una pantalla digital. Se cerraba el círculo.

Por eso, cuando al leer revistas (o al hablar con algún chaval que no llega a los 20 años) me hablan de leyendas de los videojuegos, y me enseñan pantallas de Mario o Zelda (esos juegos tan herederos del cartoon Disney, tan “redondos” e impecables), yo también quiero decir que hubo un tiempo en que unos adolescentes en Madrid, Barcelona o Valencia (y aunque fuese a un nivel más bajo) contribuyeron a sentar las bases del videojuego. Otros más jóvenes como yo, esperábamos el relevo generacional, y soñábamos.

(Recuerdo que en una ocasión, y tras una mala carga, conseguí crackear el listado del Megachess, y así leí las dedicatorias de los programadores, en 4 ó 5 líneas de las muchísimas que tenía de código).

Muchos como yo no acabaríamos en trabajos relacionados con la Informática sino fuese por estas joyas. En mi vida he probado muchos videojuegos (más que jugarlos), pero son pocos los que he disfrutado tanto como Sol Negro (¡y de los pocos que he jugado con Joystick!).

ANEXO: Googleando hace un tiempo, descubrí que en su momento los chicos de Ópera Soft querían adaptar la peli “Lady Halcón” (1985) a los micros de 8 bits, pero no consiguieron los derechos de la 20th Century Fox, y por eso lo llamaron Sol Negro y obviaron cualquier referencia. Como no he visto nunca esa peli, puedo decir que aún no lo sé todo sobre Sol Negro, aunque el juego me gustará toda mi vida, ja.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - Historia de una vida dura dura

1


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

Historia de una vida dura dura, por Héctor Foronda Piñero

Sé que mi vida os importara una mierda… sí, también pensarás que hablando soy un puñetero borde pero con la vida que he tenido ¿qué esperabas? Cualquiera en mi situación se habría pegado un tiro o actuado de forma totalmente diferente. Sí, también sé que no soy mas bobo porque no soy mas grande pero no puedo evitar tener ese carácter bonachón y, seamos serios, llevo comidas tantas setas y esnifado tanto polvo de estrella que la mitad del tiempo no sé ni donde estoy.

Si te esperabas un cuento de hadas, no, lo siento, pero mi vida es mas como una película mala de sábado tarde-noche con un criajo descarriado que ahoga sus penas en alcohol, se junta con mala gente y poco a poco va tirando su vida sin darse cuenta, esa es mi vida.

Yo era un crio regordete al que le gustaba jugar con el mecano y el arte floral, de lo más normal, vamos, y el único problemilla, sin importancia como veréis, fue el que mi adorada dientitos fuese una planta carnívora de metro veinte a la que alimentaba con tabasco y happy meals que me regalaba un señor encapuchado de noche en el callejón que hacia esquina con la panadería a la que iba mi papa.

Mi madre pensó que no era muy normal…a ver, que no la culpo y menudo follón se montó cuando el caniche epiléptico-anoréxico de la vecina desapareció mientras estaban tomando un café en nuestra casa. Por suerte la vecina era cortita y mi papá le consiguió explicar cómo el perro patada ese había quitado el quisquete de la puerta, dado dos vueltas a la llave, abierto la puerta de seguridad contra incendios, llamado al ascensor porque la escalera estaba en obras y escapado a un sitio lejano y muy bonito donde seria feliz y conocería a otros hijos.. que se ponen a ladrar a las 4 de la mañana al escuchar su sombra.

Aunque si he de ser sincero, supuesto motivo por el que escribo esto pero si eso ya luego comentaré este punto, el problemilla que pudo desencadenar todo fue cuando tuvieron que venir los bomberos además de varios corresponsales locales e incluso alguno provincial y diría que o bien mi madre había puesto la lavadora fuklipchu en un corto o un helicóptero estaba pegado a la ventana de la cocina.

Esto…¿qué hago aquí? ¿doctor, es hora del enema vitamínico? Em…lo siento, me cuesta muchísimo mantener el hilo de algo más de un minuto y cincuenta y tres coma dos segundos…¡ah, si! vinieron todos para cubrir la noticia del niño que se había quedado con medio cuerpo insertado en la taza del váter. ¿Sabíais que según una patente reciente en ese lugar se encuentra una bolsa de aire que mediante un tuvo podría salvar a cientos, qué digo, miles, millones de personas de morir por inhalación de humo al tener conexión directa con el exterior? ¿No? mi psicólogo tampoco se creyó soberana gilipollez.

Lo más duro del internamiento en el centro privado concertado sus hermanastros del inflamadísimo testimonio (mal pensados xD uhum…seguimos) no fue tener que dejar mi casa hasta que un juez y un asistente social me viesen capacitado para poder formar parte íntegra y activa de la sociedad. Lo peor fue no poder llevarme a dientitos y que para desayunar tuviese que subir corriendo siete pisos que juro el suelo estaba inclinado y la “graciosa” de la limpieza me iba tirando mopas viejas roñosas que se decía contagiaban el tétanos con solo rozarte.

Fue en este antro patrocinado por construcciones manolouribeitia en donde me enamoré de una novicia sueca. Un día en medio de clase de laboratorio genético avanzado (era o esto o dar religión aunque ahora ambas valen para la media, que chasco) se me ocurrió la divertida idea de unir el tubo de la aspiradora a un pequeño compresor.

Quería hacer la gracia y que se fijara en mi pero me puse a llorar cual descosido al ver como al empaparle el vestido entero se tornaba en…¡¡¡¿rosa?!!! Pero que cojo… Ella me explicó amablemente que esa tela solo se podía lavar en caliente y que total, al estar llegando el verano le había hecho hasta ilusión el cambio y sí, fue aquí, ¡ME BESO!

Justo en ese momento llegó el señor oscuro que se me había olvidado comentar que trabajaba aquí y no sé de qué pero esta vez no parecía tan simpático, y agarrando a mi amada se la llevó. Si, soy un facilón y me enamoro a la primera de cambio, pero es que ella era especial, nunca me había pasado nada igual. ¡¿Qué?! Y tú qué sabes si había tenido o dejado de tener más novias hasta el momento, ¿igual es que no me gusta fardar? Lo que hay que soportar… ¡¡¡como sigas te doy un meco!!!

Perdonadme, el mono de polvo de estrellas me tiene malo pero es parte del trato que hice con la fiscalía para que rebajasen la pena.

A lo que iba, la aparición de la luz que daba sentido a mi vida. Pasaron veinte desayunos (cuando sea tu única comida ya te digo yo que la llevarás grabada a fuego en la mente) y seguía sin ver a la hermana Peachisson, y qué mejor que escabullirme a dar un paseo por los jardines o como yo les llamaba cariñosamente, inframundo verdoso de dudosa naturalidad.

Este apelativo cariñoso era el resultado de años y años de vertido continuado de un potingue burbujeante que la hermana Kamekrudis lanzaba sin parar desde la ventana del último piso del ala este que daba al jardín, gracias a su baticao tuneada con un led en el frontal. Decían que tenía mas de 100 años, cosa que no ponía en duda, pero el que cada vez que pasara un niño le lanzase un mini-cactus de esos que venden en el super no decía mucho de su estado mental o de un posible extraño sentido del humor.

Cada paseo por el jardín era toda una experiencia, entre esquivar los cactus voladores, evitar caerme en los agujeros de las nuevas ampliaciones que habían quedado paralizadas tras explotar la burbuja inmobiliaria, topitos malhumorados, hijitas de dientitos, etc.

He de comentar que si bien no me permitieron llevar conmigo a mi querida mascota florícola sí que me llevé cual judías mágicas un saquito de semillas y las esparcí por el jardín. Puede que haya sido por la materia viscosa de color indeterminado que cae en cantidades industriales desde el ático cada día o pura casualidad pero lo que han crecido estas malotas es digno de estudio. En clase de biología nos han explicado que las especies luchan y se adaptan al entorno e incluso se producen cambios en su morfología para sobrevivir. Esto no se lo creía ni el profesor y digo creía porque tras ver los antaño pequeños y delicados a la par de graciosos topitos y tortuguitas del jardín en su estado actual, la mente de uno se abre a cualquier posibilidad.

Pasarían meses hasta que mi vida diese otro giro radical. Lo primero que recuerdo de los acontecimientos que desencadenaron el comienzo del cambio es la muerte de dos cámaras y un técnico de sonido de Nachional Geoplastic. En el vecindario había habladurías de todo tipo por culpa de los gritos nocturnos desgarrados en la época de celo, un par de días cada tres semanas, de las plantas carnívoras transgénicas, reclamo suficiente para que la cadena decidiese enviar un equipo de investigación.

Como no, quisieron filmar a las curiosas plantas de noche durante el periodo de cortejo y fue aparecer en el jardín y convertirse en un menú especial y gratuito. Suerte que ese día me tocaba a mí cortar el césped del campo de golf privado de los hermanos, y otra cosa no, pero la cortadora de césped es una mala bestia, el modelo más caro que había en su momento en Letoy Martin. Motor diesel de 300cv sobrealimentado biturbo con llantas de 20 y neumáticos de pinchos pero sin dirección asistida… ¡¡¡la mezcla perfecta!!! Era como conducir un tanque por una pista de hielo llena de baches, nunca sabias cuánto ibas a tardar en podar todo el campo pero sabías que iba a ser la hostia.

Tiré de freno de mano y viviéndolo todo a cámara lenta, e incluso como mi pelo se mecía al viento y sonaba música cañera de fondo, enfilé perfectamente hacia el grupo. Profesionales del sector audiovisual que dando más pena que lo esperado de unos supervivientes-luchadores según las películas de zombis, corrían de un lado a otro gritando y poniendo mas interés en el material que en su propia integridad física. Me separaban cinco kilómetros y medio hasta alcanzarles, por ello aceleré a fondo y ¡¡¡¡¡solté el freno de manoooo!!!!! No había recorrido ni dos metros y ya había atropellado a una pobre tortuguita mutante que había saltado impulsada por un clon de dientitos en claro trabajo cooperativo contra un enemigo común.

Agarré al vuelo la concha vacía que salió proyectada contra el parabrisas y pensé que me podría ser de mucha ayuda. ¡La mitad del recorrido era un complejo tramo de curvas pero yo tenia un truquito! Si pisaba a fondo el acelerador y el freno al mismo tiempo que giraba el volante la cortadora pegaba un salto y se cruzaba entera, ¡ni kawasakis ni levos ni jondas, me los fundiría a todos, fácilmente!

Estaba ya a menos de 100 metros del grupo y veía cómo el indicador del depósito estaba a punto de decir adiós y sin pensar en mi propia vida pegué un volantazo y con medio cuerpo volando lancé con la mejor precisión que pude la concha contra la planta mas cercana. Con tan buena suerte que tras partirle toda la piñata rebotó en 33,824 grados en dirección a la siguiente planta, y esto mismo ocurrió cinco veces más dejando el jardín mas podado y liso que en toda su historia, mientras las plantitas hijas de mi querida mascota exhalaban sus últimas bocanadas de fuego por sus bocazas.

Volviendo a mi delicada situación el impacto era inminente, tan cercano estaba como rápido me aproximaba yo al muro o el muro a mí, el orden de los factores no alteraría el jostión. Fue abrir un boquete en la pared del ala este y encontrar atada a mi amada Peachisson mientras, supongo que por efecto de la contusión craneal, veía a un hongo con bracitos levantando un cartel con algo escrito en el… ¿”Mario deja las put.. drojas”? podría ser.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - El regreso de Bernard

1


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

El regreso de Bernard , por Juan Manuel Fuentes Hernández

Bernard llevaba horas trabajando en su proyecto de astrofísica.

No solía ocurrirle a menudo, pero se sentía fatigado. Las gruesas gafas que reposaban sobre su abultada nariz, ésas que le acompañaban desde que le diagnosticaron miopía a los 6 años condenándole al lado de la sociedad donde un niño de esa edad no quiere pertenecer, comenzaban a pesarle demasiado y decidió apartarlas de sus ojos por un momento mientras se recostaba sobre la silla e inclinaba la cabeza hacia atrás. Entonces se puso a pensar en cuerpos celestes, cometas, asteroides y meteoritos, e irremediablemente recordó el incidente. Al fin y al cabo comenzó a interesarse por la astrofísica a raíz de él.

Bernard nunca había sido una persona arrojada. Fue rechazado demasiado pronto por demasiada gente y acabó recluyéndose en sus libros cuando apenas tenía capacidad para leerlos. Esto le sirvió para desarrollar su inteligencia de manera prodigiosa, pero le privó de otras muchas cosas igual de importantes. Con el tiempo fue cultivando además todo tipo de fobias y alergias que hicieron de él alguien muy vulnerable incapaz de desenvolverse en el mundo donde vivía. Sin embargo, aquella vez en la mansión fue diferente. Allí descubrió que era capaz de muchas cosas.

Nunca entendió por qué Dave Miller recurrió a él para rescatar a Sandy. Era un tipo muy popular y conocía a mucha gente. Podía haber llamado a Razor, Syd, Wendy, o incluso al pirado de Jeff, pero pensó en él, en el torpe gafotas que nunca nadie quiso en su equipo, en el nerd. Recuerda avergonzado que estuvo a punto de rechazar la proposición; era una locura, pero se trataba de Sandy, por Dios, la chica que siempre le sonreía en los pasillos, la única que no le trataba como si fuera un apestado y a la que amaba en secreto, pero sin dolor. Se lo debía, así que reunió valor y condujo en mitad de la noche hasta aquel recóndito lugar mientras se preguntaba todo el tiempo qué diablos estaba haciendo. Allí se reunió con Dave, que le esperaba junto a otro chico, Michael, un fotógrafo que resultó ser un tipo excepcional. Juntos se adentraron en la mansión en busca de Sandy sin saber todavía que estaban a punto de vivir la experiencia más aterradora de sus vidas.

Pero a Bernard no parecía importarle nada de eso ahora. Lo que recordaba cuando echaba la mirada atrás, por encima de cualquier horror, era la sensación de haberse comportado como la persona que siempre quiso ser. Alguien decidido a resolver los problemas sin dejarse chantajear por sus limitaciones, una persona valiente capaz de usar su inteligencia para algo más que resolver ecuaciones. Pero sin duda, lo mejor de aquella aventura fue que, por primera vez en su vida, Bernard se sintió parte de un grupo de personas que le respetaban. Su actuación en la mansión fue crucial para salir de allí con vida y acabar con la amenaza que cayó del cielo. Aquello le valió a Bernard no solo para seguir viviendo, sino para hacerlo con más dignidad. Al menos durante los meses que vinieron después.

Pero ya habían pasado casi tres años, y las cosas volvían a ser como al principio. El incidente quedaba muy lejos, al igual que aquel Bernard, que apenas podía reconocer el de ahora.
Dave y Sandy también quedaban muy lejos. Desde que acabó el instituto no volvió a saber de ellos. Bernard se odiaba por muchas cosas, pero no creía poder perdonarse por aquella. Las únicas personas ante las que nunca sintió la necesidad de agachar la cabeza habían desaparecido de su vida, y con ellos su esperanza de no morir solo. Este último pensamiento alertó a Bernard. Sabía que estaba siendo demasiado trágico, que en su vida podían volver a aparecer otros Dave, Sandy o Michael, pero aún así se asustó. Llevaba todo este tiempo acomodado en su lamento, y ya era hora de cambiar.

Se despegó de la silla y encendió la luz de la habitación. De repente le pareció pequeña y asfixiante así que corrió las cortinas de la ventana y la abrió de par en par. El aire frío de la noche entró de golpe como si hubiera estado esperando impaciente detrás de los cristales. Bernard lo inspiró aliviado sin pensar en el daño que podía hacerle a su salud. Hace cinco minutos no habría hecho algo así. A continuación abrió el cajón de su escritorio y rebuscó entre un montón desordenado de papeles, cables y baterías. Allí encontró lo que buscaba, un viejo cuaderno de notas que le acompañaba desde que entró al instituto y que usaba como agenda, entre otras muchas cosas. Hojeó rápidamente el cuaderno y se detuvo en una página donde había anotados varios nombres y números de teléfono. Puso su dedo sobre la entrada que ponía "Dave Miller (novio de Sandy)" y memorizó el número que había escrito a su lado. Comenzaría por él. Hablar con Sandy le costaría mucho más, y además nunca le pidió su número de teléfono. A Michael tampoco.

Salió de la habitación y se dirigió a la sala de estar. Le sorprendió no encontrar a su compañero de piso Hoagie tirado en el sofá viendo la MTV. Hoagie y Bernard vivían bajo el mismo techo pero eran dos desconocidos. Bernard lo evitaba, y Hoagie era demasiado pasota como para preocuparse. Era ridículo, pero en estos momentos tenía cosas más importantes que resolver. Alcanzó el teléfono y lo descolgó. A continuación marcó el número. No fue fácil porque le temblaban las manos.

Después de muchos tonos, alguien respondió.

-¿Diga?

Bernard tragó saliva intentando deshacer el nudo de su garganta. No lo consiguió del todo.

-¿Dave? ¿Dave Miller? -dijo con la voz todavía un poco ahogada.

-¿Quién es?

-Bernard. ¿Me recuerdas?

-¿Qué Bernard? -Se oyó después de una pausa.

-Bernard Bernoulli.

Hubo un silencio aún mayor. -No conozco a nadie con ese nombre -dijo finalmente la otra voz en un tono más áspero.

Bernard se puso más nervioso. Las cosas no iban demasiado bien.

-Soy Bernard, Dave. El amigo de Sandy. El meteorito.

-Muy gracioso, amigo. Déjeme en paz -dijo la otra voz con una mezcla de tristeza y resignación.

Bernard no podía creer lo que oía. Era imposible que Dave hubiera olvidado su nombre.

-No, Dave, tienes que recordarme. Entramos en la mansión hace tres años -Bernard habló rápido. Parecía que en cualquier momento la otra persona colgaría el auricular.

La voz del otro lado se volvió más agresiva.

-¡No tiene gracia, imbécil!

-Pero Dave, soy yo, Bernard. Entramos en la mansión y rescatamos a Sandy. No has podido olvidarlo -Bernard no sabía qué más decir. Estaba desconcertado.

La persona del otro lado aprovechó otra pausa larga para calmarse.

-¿Por qué hacéis esto?

-¿Hacer qué, Dave? No sé a qué te refieres, solo quería saber de ti.

-Me refiero al videojuego. ¿Crees que no lo conozco? ¿Crees que eres el primero que llama gastándome la misma broma? -Volvió a subir el tono. La conversación le estaba cansando.

-¿De qué videojuego hablas? -A Bernard comenzaba a marearle tanta confusión.

Después de un sonado suspiro, Dave siguió hablando.

-Del que se hizo con mi historia -Dave recalcó la palabra mí-. Del que se hizo con mi tragedia.

-¿Estás diciendo que aquello nunca ocurrió?

-¡Claro que ocurrió! Pero no a ti ni a ninguno de los otros. ¡Fui yo el que entró en la casa de aquel psicópata, fui yo el que perdió un brazo allí, y fui yo el que encontró el cadáver descuartizado de mi novia! -El grito acabó en un sollozo que se esforzó por sofocar.

Bernard enmudeció por un instante. ¿Qué estaba pasando?

-Pero... así no pasó. Dave, yo estaba allí contigo y con Michael. Todo acabó bien. Destruimos el meteorito. Sandy...

-¡Sandy murió! ¡A manos de un cerdo desalmado que solo quería divertirse! El puto meteorito no existe, ni tú, ni Michael, ni ninguno de los otros niñatos que se inventaron para el juego. Lo único real es mi dolor, así que, por favor, ten compasión y déjame en paz. -Se oyó un chasquido. Dave colgó el teléfono. La conversación había terminado.

Bernard se derrumbó. Trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir pero no le resultaba fácil. Era Dave, era su voz, y no bromeaba. Él nunca haría algo así. ¿Entonces por qué dijo esas cosas? ¿Se había vuelto loco?

Con el teléfono todavía en la mano y oyendo la repetitiva señal que salía del auricular, Bernard se sintió desfallecer y se sentó en el suelo. Todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, como si la realidad se desdibujara delante de sus ojos. No fue así. Sus recuerdos no eran esos, pensaba Bernard, pero ¿qué son los recuerdos sino una proyección de la memoria? ¿Podía confiar en ellos? En ese momento necesitaba aferrarse a algo sólido, a una prueba que demostrara que todo ocurrió como había creído estos tres años, o acabaría dudando de su cordura.

Fue entonces, buscando en su cabeza, cuando recordó algo que podía servir. Se levantó de un salto y fue corriendo a su habitación. En una de las paredes había un tablón de corcho con cientos de notas clavadas con chinchetas. Comenzó a desclavarlas apresuradamente, quitando capas, hasta que encontró lo que buscaba. Una foto. Al verla no pudo reprimir la emoción. En ella estaban él, Dave y Michael, y en medio de ellos, abrazada por todos, Sandy. Todos felices, con la mansión de los Edison de fondo. La foto la hizo Michael con su cámara cuando todo acabó. Era la prueba que necesitaba. Ahora solo tenía que averiguar qué le ocurría a Dave, y pensaba hacerlo, pensaba llegar al fondo. Lo hizo una vez por Sandy y ahora lo haría por él.
No sabía muy bien por dónde empezar, aunque tenía una ligera idea. Cogió las llaves de su coche y se dirigió a la puerta. En ese momento entraba Hoagie. Venía con una amiga, Laverne, igual de estrafalaria que él pero de estilo completamente opuesto. Hoagie miró extrañado a Bernard, parecía diferente, pero antes de que pudiera averiguar por qué, Bernard le sorprendió con sus palabras:

-No os pongáis cómodos. Os venís conmigo.

Mientras tanto, lejos de allí, en la casa de Dave Miller, Edna Edison hablaba con su peculiar voz de rata.

-Te has portado muy bien, cariño. Has dicho exactamente lo que tenías que decir. Me pregunto si podría utilizar este cacharro para obligarte a hacer cosas más divertidas.

Primer Concurso de RetroRelatos de RetroManiac - ¿Te lo paso, Tron?

1


1º Concurso RetroRelatos de RetroManiac

¿Te lo paso Tron?, por José Vicente Civera

Eran las 19:30 y en teoría los recres no cerraban hasta las 20:00. Sin embargo el encargado empezó a apagar máquinas. Yo estaba jugando al Street Fighter II con Ryu. A mi lado tenía al típico mirón pesado que te daba consejos y decía: “¿Te lo paso?” Claro muchacho, para eso he metido la moneda... aunque no le contesté mal, no fuera que se marchara cabreado y volviera con algún primo de Zumosol, o peor aún, con alguno de Albacete (por el tema de la navaja y tal).

El encargado salió a la calle y bajó las persianas de los escaparates laterales. Volvió a entrar, y nos dijo a los pocos que aún quedábamos dentro que fuéramos terminando.

“Venga chico, que hoy tengo que cerrar antes para ir a un recado”

Pero bueno, ¿dónde están las autoridades cuando se las necesita? Seguro que aquel atropello estaba tipificado en alguna ley como infracción grave contra la diversión pública, o algo así.  Protesté sin mucha esperanza:

“Es que acabo de echar una moneda y estoy empezando la partida”

El hombre sacó una moneda de la riñonera del cambio:

“Toma, yo te la devuelvo”

¡Mierda! pensé, mientras le daba el golpe de gracia a Dhalsim, que caía a cámara lenta.

Me aparté de la máquina  y cogí la moneda. Curiosamente, vi que el encargado no apagaba esa máquina como el resto. En lugar de eso se fue hacia el almacén trasero del local.

Vaya hombre ¿tanta prisa y ahora resulta que no la apaga?

Para más inri, mientras me marchaba y miraba de reojo la pantalla que dejaba atrás, vi algo muy raro que nunca había visto antes.

Extrañamente, el derrotado Dalshim alargaba el brazo desde el suelo hasta alcanzar una palanca oculta en la pared del escenario, la activaba y entonces aparecía una especie de portal luminoso. Dejé de andar hacia la puerta y me quedé parado. Por aquel entonces mis ojos todavía no acusaban la miopía que me provocarían los largos años de estudio, así que desde varios metros pude distinguir perfectamente como el personaje de Ryu empezaba a distorsionarse y difuminarse, y era absorbido por ese extraño portal, apareciendo en otra pantalla completamente distinta. Un templo donde le esperaba... ¡el mismísimo Mr Bison!

No podía creerlo, ¡el siguiente enemigo al que debía enfrentarse era el jefe final del juego!  Nunca había podido verlo en acción, como mucho había visto a otros jugadores vencer a los luchadores seleccionables, a Balrog, a Vega, y llegar hasta Sagat, pero de ahí ya no habían pasado.

Era una oportunidad única y me la iba a perder porque el cebollo del encargado había decidido cerrar antes precisamente hoy...

El pasivo Ryu empezó a recibir un duro castigo por parte de Mr Bison. Esos segundos de indecisión se me hicieron eternos... pero decidí rebelarme y volver a la máquina para jugar hasta que el encargado saliera del almacén.

Lo que yo no sabía, es que no había dejado encendida esa máquina por casualidad.  El interruptor de encendido fallaba y aunque había intentado arreglarlo haciendo una ñapa con el de otra máquina más antigua que ya habían retirado de los recres, una del videojuego Tron, seguía chisporroteando al tocarlo, así que prefería dejarla encendida todo el rato, hasta por la noche. El gasto de electricidad tampoco era muy grande y no lo pagaba él, y la pérdida de recaudación si la máquina quedaba fuera de juego sí que la notaría el dueño.

En esas que estaba yo jugando con Ryu ya muy tocado por los instantes en que la máquina había estado abandonada, cuando de repente se apagaron los tubos fluorescentes de los recres. “Buf, ahora las luces”. Menos mal que por esa época del año ya entraba una buena cantidad de luz por la puerta principal, y no te quedabas  completamente a oscuras.

Perdí el primer combate y empezó el segundo. Cuando el encargado volviera y me pillara todavía jugando se iba a cabrear de verdad, pero era una oportunidad que no podía dejar escapar...

Sin embargo,  el encargado de los recreativos nunca salió por la puerta del almacén.  Después de apagar las luces, salió del local por una puerta metálica lateral pintada del mismo color que la fachada del local, de cuya existencia ni siquiera me había percatado antes, ya que siempre estaba cerrada. De repente empecé a escuchar el ruido de la persiana de la puerta principal de los recres bajando. Me quedé helado, sobrepasado por la situación. Atemorizado por la segura bronca que me esperaba, no hice lo más sensato... salir corriendo hacia la puerta para aporrearla por dentro y gritar que me había quedado encerrado... 5 segundos, 10 segundos, 15 segundos... allí seguía inmóvil, buscando en mi mente alguna manera de salir airoso de aquella situación, una buena excusa que minimizara la bronca, qué sé yo...

Bueno, no totalmente inmóvil. Sin soltar los mandos de la máquina, me concentré completamente en el juego, como un adicto que buscara desesperadamente evadirse de la realidad circundante. Y jugando así empecé a remontarle a Mr. Bison y pude ganarle el segundo combate.

En la pausa antes de empezar el tercero, volví a la realidad y pasaron por mi mente muchos pensamientos acerca de qué hacer después. ¿Quedarme allí a dormir? ¿Esconderme en algún rincón e intentar salir al día siguiente cuando abrieran, como si acabara de entrar? No colaría. ¿Y qué iban a pensar mis padres, que me había fugado o que me habían secuestrado? En aquella época aún no tenía teléfono móvil.
Podía empezar a aporrear la persiana por dentro hasta que me oyera algún viandante, que llamaría a la policía, que llamaría a mis padres, y al dueño del local después de preguntar a los vecinos... ¡Qué cagada, camarada! ¿Por qué no aporrearía la persiana justo después de que la bajara?, la bronca no hubiera tenido ni punto de comparación con lo me esperaba ahora.

Recordé que alguna vez había visto al encargado hablar por teléfono. ¿Y si llamaba a mis padres y les decía que había ido a jugar a casa de mi amigo Carlos, y que como se había hecho muy tarde me iba a quedar a dormir allí? Aunque así de repente, sin haber avisado antes, un lunes, sin que la madre de Carlos hablara con ellos... Ridículo. ¿Y qué haría en cualquier caso cuando me viera el encargado al abrir el día siguiente, y pensara que era un ladrón o algo así?

No quedaba más remedio que contarle la verdad mis padres, para que después de soltarme una buena bronca, llamaran a la policía, y al dueño. Maldita adición a los videojuegos, qué mierda, tenía ganas de machacar a alguien, por ejemplo a mí mismo.

Pero lo que me esperaba inmediatamente era el tercer combate contra Mr Bison, y ya puestos iba a disputarlo. Supongo que toda la rabia interior que sentía me ayudó a derrotarle de nuevo. “Métete el torbellino volador por el culo”. En fin, al menos vería la escena final del juego, una pequeña recompensa frente a todo el lío que se me vendría encima después.

Sin embargo en la pantalla sucedió algo raro. El personaje de Mr Bison se incorporó y empezó a hacer gestos con la mano, como para que me acercara. Y apareció este mensaje:

“Enhorabuena. Te has ganado participar en la edición especial del Street Fighter II, Virtual Champion Edition”

¡Qué raro era esto! Igual la máquina llevaba una placa “bootleg” y algún programador pirata había cambiado cosas del juego.

Decidí apagarla y volver a encenderla, para que así se reiniciara y cuando viniera el encargado de los recres no viera que había tenido los santos huevos de seguir jugando con ella mientras estaba allí encerrado, lo que no casaría muy bien con la excusa de que todo había sido un despiste involuntario.

Busqué el interruptor, ese que aunque yo no lo sabía, no iba del todo bien, y que provenía de una antigua máquina de Tron. Al estar las máquinas tan juntas, no podía meter el cuerpo entre ellas, y tuve que estirar el brazo para tratar de alcanzarlo. Por fin lo sentí entre la yema de los dedos. Era de los de palanquita metálica, en lugar de los de botón basculante de plástico. Durante un instante tuve un mal presentimiento, sobre si aquello podría dar la corriente. Pero vamos, menuda tontería, si la máquina estaba encendida y no daba la corriente al tocarlo, cómo iba a darla al apagarla. Así que moví la palanquita a la otra posición y... una brutal descarga recorrió mi cuerpo entrando por el pulgar e índice de mi mano derecha. La explosión eléctrica me hizo saltar despedido hacia atrás, cayendo de espaldas sobre el suelo, en estado de shock...

Lo más desconcertante fue cuando empecé a recobrar la consciencia, y vi que había un grupo de gente extraña gritando a mí alrededor en una jerga incomprensible. Mientras me ayudaban a incorporarme, miré hacia mis brazos, torso y piernas. Iba vestido con una especie de kimono blanco, y estaba la hostia de musculoso. Hubiera podido flipar durante horas mirando aquello, si no fuera porque alguien gritó ¡Fight! y la pierna de una tipa china vestida de azul se lanzó hacia mi cara a la velocidad del rayo, con un movimiento de vaivén tan rápido que su visión se difuminaba en el aire.

Al verla con ese traje y el pie tan levantado sentí la tentación de mirar a su entrepierna, pero una vez superada me centré en soltarle un tremendo hostión levantando el puño desde más abajo de mi cintura hacia el cielo, impactando de lleno sobre su barbilla mientras gritaba una especie de grito de guerra “Sho Ryu Ken”.

Sin darle tiempo a levantarse, junté toda la energía que sentía fluir hacia mis manos formando una especie de bola luminosa junto a mí, y la lancé con otro grito, “Ha Dou Ken”, logrando que impactara de pleno sobre ella justo al terminar de ponerse de pie.

Al fin lancé una tremenda patada voladora con tanta fuerza que parecía que fuera a mantenerme en el aire eternamente. Convertido en una peonza humana, encadené varios impactos seguidos en su cuerpo y cara, y la china quedó inconsciente en el suelo. Cerré los ojos y cruce los brazos, mientras el viento hacía ondear la cinta que rodeaba mi cabello. Cuando los abrí, estaba delante de la máquina del Steet Fighter II en los recres de siempre. Eran las 19:30h según mi reloj Casio y un chaval me decía:

¿Te lo paso, Tron, te lo paso?